Flávio Bolsonaro, senador por el estado de Río de Janeiro, logró una sorpresa electoral al superar al veterano presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta, obteniendo 56 millones de votos, cifra superior a la que su padre obtuvo en los comicios de 2018 y 2022.
El ascenso se explica por el fuerte legado del apellido Bolsonaro: el expresidente Jair Bolsonaro, líder indiscutible de la derecha y ultraderecha brasileñas, respaldó públicamente a su hijo menos de un año antes de la elección, pese a estar encarcelado y sin derechos electorales. Flávio asumió abiertamente su condición de "hijo de" y replicó en sus mitines los símbolos de su padre, como el uso de la camiseta de la selección brasileña.
El entorno político también jugó a su favor. Las encuestas mostraban una desaprobación al gobierno de Lula cercana al 50%, impulsada por el aumento de los precios y la inseguridad. Votantes como Oscarina de Oliveira, quien inicialmente pensaba apoyar a Lula, cambiaron su decisión en el último momento buscando un cambio.
A nivel regional, la derecha celebrada por la cercanía con Donald Trump obtuvo victorias recientes en Colombia, Chile y Perú, creando un clima favorable para candidatos alineados con políticas de mano dura y enfoques económicos similares a los de Trump. Flávio se presenta como una opción más moderada, pero se beneficia de la onda conservadora que atraviesa América Latina.
Durante la campaña surgieron investigaciones en su contra por presuntos actos de corrupción y lavado de dinero vinculados a un banquero detenido por estafa. Sin embargo, logró desviar la atención hacia el juez Alexandre de Moraes, figura clave en la condena de su padre y asociada con Lula, lo que le permitió capitalizar el discurso anti‑instituciones.
El resultado también fortaleció al bolsonarismo en el Senado, donde prácticamente duplicó su representación, incluyendo la posible silla de Michelle Bolsonaro, esposa de Jair Bolsonaro, entre los nuevos senadores electos.