Una vaca entera asada durante 24 horas, ostras llegadas desde Nayarit, vinos de Coahuila y cocinas de distintas ciudades reunidas en un parque. La primera edición de Sabores San Pedro puso sobre la mesa una fórmula con posibilidades para la gastronomía mexicana: convertir la degustación en una jornada de descubrimiento, aprendizaje y convivencia. Celebrado el 24 y 25 de octubre en el Parque Diego Rivera, en San Pedro Garza García, Nuevo León, el festival reunió a más de 40 restaurantes y ofreció más de 200 platillos, de acuerdo con el balance de sus organizadores. La misma fuente reportó un recinto lleno durante el encuentro, que combinó cocina, bebidas y conciertos.
Aunque el boletín de cierre no detalla cifras de asistencia ni derrama económica, la participación de restaurantes, bodegas y cocineros permite dimensionar el alcance de esta primera convocatoria. Su interés gastronómico estuvo en la posibilidad de recorrer distintas propuestas culinarias dentro de un mismo espacio.
El noreste como punto de encuentro
Tatemate, Mar del Zur y Jabalina compartieron escenario con Casa Cenizo, de Parras, Coahuila, y con restaurantes capitalinos como Los Panchos, Fónico, La Cocina del Bizco y Tandoor. La selección permitió reunir cocina mexicana, sabores del noreste, productos del mar y propuestas de otras tradiciones culinarias.
Saltillo, ciudad invitada, tuvo una presencia que vinculó la mesa con el territorio. Il Mercato Gentiloni, Don Artemio y Tapanco formaron parte de su oferta, acompañados por bodegas coahuilenses y por la promoción de la ruta Vinos & Dinos, que conecta experiencias vitivinícolas con el patrimonio paleontológico de la región. Esa relación ayuda a entender el potencial turístico de un festival gastronómico. Una copa puede despertar interés por visitar un viñedo; un platillo, por conocer el restaurante donde se prepara. La degustación ofrece un primer acercamiento a destinos cuya identidad también se construye desde sus cocinas.
Según el reporte del encuentro, participaron más de 50 casas y bodegas de vino nacionales e internacionales, además de marcas de destilados y otras bebidas. La presencia de etiquetas de Coahuila, junto con vinos de otras regiones, amplió las posibilidades de explorar el vínculo entre cocina y origen.
Aprender también forma parte del menú
Uno de los momentos destacados por los organizadores fue “La Vaca es mía”, del chef Dante Ferrero: una res completa asada durante 24 horas y servida el domingo. También sobresalió la experiencia de ostras presentada por la revista Vatel y el restaurante Ikan, procedente de Nayarit. A estas actividades se sumaron dos zonas de catas y las clases del Atelier Aeroméxico. Abdiel Cervantes, de Tatemate, presentó “Todo Parte de una Salsa”; Alfredo González impartió “Cruda Tradición”, y Marlon Aldair González, de Jardín Sucré, estuvo al frente de “Azúcar con Acento”.
Este componente educativo aporta profundidad al formato. Acercarse a una técnica, conocer el trabajo detrás de una preparación o escuchar a quien cocina permite valorar aspectos que una degustación breve puede dejar fuera.
El homenaje al chef Alberto Sentíes también dio espacio a la trayectoria de quienes han contribuido a la escena gastronómica de Monterrey. El reconocimiento reunió a su familia y a colegas participantes en el festival.
Por qué México necesita estos encuentros
Sabores San Pedro se incorpora a un calendario en el que conviven ferias de productos, encuentros de cocina tradicional y festivales de restaurantes. La Secretaría de Turismo ha destacado el papel de estas celebraciones para promover destinos, preservar tradiciones y reunir a cocineras, chefs y productores. Su agenda de 2025 incluyó desde la Feria del Pulque de Jiquipilco hasta la Feria Nacional del Queso y el Vino de Tequisquiapan. La diversidad de formatos responde a una necesidad concreta: crear espacios donde la riqueza gastronómica del país pueda conocerse más allá de los restaurantes o de las comunidades donde se origina. Para los participantes, representan una oportunidad de presentar su trabajo; para el público, de probar y comparar propuestas en una sola visita.
En San Pedro, el modelo reunió degustaciones, catas, clases y conciertos mediante un acceso por día. Esa combinación convirtió la comida en el centro de una salida que podía prolongarse hasta las presentaciones musicales.
La convocatoria de una primera edición es un comienzo favorable. Su consolidación dependerá de sostener la calidad, cuidar la experiencia del público y generar razones para que restaurantes y productores regresen. Los organizadores ya anticiparon una nueva edición en 2027. El reto será dar continuidad a lo que esta primera entrega puso en marcha: una mesa compartida donde el entretenimiento abre la puerta y la gastronomía ofrece motivos para volver.